dimarts, 6 de desembre de 2011

Quién pierde la batalla mediático-ideológica, pierde la guerra



¿Quien en su sano juicio no iba a desear la paz y el fin de la violencia?

El diario, español, el País, pregunta a Angelino Garzón, vicepresidente de Colombia en una entrevista realizada ayer, sobre la gran marcha (el entrevistador Jorge Marirrodriga ya sabe la dimensión que tendrá) convocada en Bogotá contra las FARC y aprovecha para   ligar a esta el apoyo que tiene la guerrilla. La respuesta es nítida y de libro: “Diría que el 99,8% de los colombianos quiere vivir en paz. Llevamos 62 años de violencia irracional. En la manifestación se va a ver a la sociedad civil condenando el terrorismo, los secuestros y exigiendo su derecho a vivir en paz. Es un ‘no’ rotundo a la violencia.” [1]
¿Quien en su sano juicio no iba a desear la paz y el fin de la violencia? El que esto afirma, fue sindicalista y secretario de la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia y miembro de Unión Patriótica partido que contó con el apoyo entre otras fuerzas, por las FARC. Es evidente que el deseo de paz es propiedad de todos los colombianos, pero el problema es que esa no es la realidad política pasada y presente del estado de Colombia, donde la vulneración de esos mismos derechos humanos que se exigen que cumplan los guerrilleros no los cumple el mismo estado. Claro una omisión no justifica la otra. Pero no es lo mismo que un estado que se llama, a si mismo, democrático vulnere su propia legislación, o permita que otros la infrinjan con absoluta impunidad y, que lo hagan, los que en su lenguaje político ideológico son considerados delincuentes. Si estos alzados en armas son delincuentes quien los combate sin respetar las leyes no dejan de ser lo mismo.
Las FARC se encuentra en un momento muy complejo tras la muerte de Manuel Marulanda y el asesinato –sino no hay guerra en Colombia, esto son asesinatos, sino serian caídos en combate; recordemos el lenguaje usado por los medios de comunicación serios, como la BBC– de Raul Reyes o de Guillermo León Sáenz (Alfonso Cano). No soy especialista en el tema, lo conozco de forma sucinta como historiador y poco más. De lo que sí creo poder decir algo es de información, contrainformación y batalla ideológica. Las FARC, según sus últimas declaraciones, hechas en el día del nacimiento de la CELAC han vuelto a expresar su disposición a dialogar con el Gobierno de Juan Manuel Santos. Pero Santos maneja bien los tiempos en la batalla ideologice y se ha apresuró a decirles que sí, que perfecto, pero que lo hará cuando el gobierno de Bogotá este seguro que esa es la auténtica voluntad de la FARC. Muy hábil, ¿No es eso justamente lo que están diciendo las FARC? ¿Quién es él para dudar de su palabra?
Pues es un presidente que juega en el terreno de la batalla mediático-ideológica con las catas y reglas que le han enseñado sus jefes de seguridad asesorados por los USA y otros. Él juega sus bazas, una de ellas quemar al enemigo, desprestigiarlo y llevarlo a la confrontación que él sabe que tienen perdida. Lo está haciendo muy bien deben pensar todo sus asesores nacionales y extranjeros.
En ese contexto hay que entender, la muerte o asesinato de tres policías y un militar que estaban en cautiverio de la guerrilla –como dice Piedad Córdoba: se debe establecer si hubo o no un rescate fallido y si hubo ejecuciones proscritas por el derecho de guerra; pero sea como sea, son hechos absolutamente condenables– han servido al gobierno Colombia para organizar una gran marcha de repudio jugando con los sentimientos humanos de la población, y de cualquier persona. Sea el desenlace del hecho forzado por la intervención militar o no, este ha comportado que la guerrilla aparezca de forma nítida ante el pueblo de Colombia, o al menos de una parte significativa, como los actores más inhumanos de este cruel conflicto. Este es un triunfo mediático del gobierno, y una derrota de la guerrilla y no se ha usado para avanzar en la paz justa, sino para destruir políticamente al enemigo y no permitir una salida negociada. De esta forma su lucha pasará a ser considerada como injusta cuando en realidad fue prácticamente inevitable (comparta uno o no los postulados armados) ante la barbarie que se vivía en Colombia en el momento de creación de las FARC y en los decenios posteriores, donde la participación política se podía significar y de hecho significó la muerte para miles de personas de la izquierda colombiana que nada tenían que ver no con la guerrilla o con sus postulados.
Estos hechos han permitido presentar a la guerrilla, ante la opinión pública mundial, como un grupo de desalmados que son incapaces de respetar la vida humana. Nada nuevo, eso ha ocurrido muchas veces, ocurrió en España, y fue lo que los medios de información de la derecha, bautizaron como el espíritu de Ermua, cuando fue asesinado, a sangre fría, el concejal del PP Miguel Angel Blanco. Algunos dijimos que eso era el punto y final, y de hecho, es a partir de esas fechas que la vía armada se muestra como agotada en Euskal herria. El proceso abierto hoy avanza de forma limitada pero imparable.
La salida que utilizó la izquierda abertzale ampliada (Batasuna, Aralar, Alternativa y Eusko Alkartasuna) para convencer al resto de los partidos políticos de la veracidad del proceso de paz y de la decisión de ETA de abandonar la vía armada –todos los partidos del estado español, excepto el PP y parte del PSOE, lo han hecho– fue la creación de una comisión internacional, dirigida por Brian Currin. Todo no está hecho, el nuevo gobierno del PP debe acabar de resolver democráticamente los efectos generados por el conflicto y permitir la realización de la voluntad democrática de los vascos y vascas. Todas las partes deben reconocer el sufrimiento generado a lo largo de estos añios de lucha armada, terrorismo y guerra sucia. La solución era fácil, llegar a este punto tampoco, pero el resultado del mismo, es esperanzador como muestra el apoyo conseguido por la izquierda abertzale en las dos últimas confrontaciones lectorales. Ha sidola primera fuerza política de Euskla herria y esto abre las puertas a un escenario de libertades que ya no podrá ser interrumpido por nadie.
Santos que está bien asesorado, sabe todo esto y ha espetado a los guerrilleros de las FARC, todo los ejemplos de la vía pacífica. Les ha dicho que el exguerrillero del M-19, Gustavo Petro, ocupará el segundo cargo en importancia del país por la fuerza de los votos. Y que son muchos los excombatientes, como, Mujica o Dilma Rousseff, mandatarios de Uruguay y Brasil los que gobierna sus países después de pasar del activismo militar al político. Y para finalizar les ha dicho que hagan como ETA en España. La derrota mediática puede estar servida.
La vía utilizada por la izquierda abertzale podría aplicarse a Colombia, son muchos los que creen que es factible y la prueba la tenemos en las declaraciones hechas por Santos al Sistema Informativo del Gobierno: “La paz es un asunto interno colombiano y vamos a resolverlo los colombianos, advirtió el Presidente Santos en Cumbre de Caracas (CELAC)”. Esta es su primera derrota ideológica, aprovéchenla los que quieran la paz justa en Colombia.
Manel Márquez en Twitter manelmarquez   

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